CUERPO DE MUJER
“Viajamos entre la tormenta después de la explosión de Dios” S. Rodríguez
¿Qué hago ahora? “¿dónde pongo lo hallado: en las calles, los libros, los rostros en los que te he buscado, en la tierra en tu nombre en la Biblia que al fin te he encontrado?”
Yo vengo del aire que levantan las montañas que son techos de historias y de donde crece la hierba celeste y donde las gumias no alcanzan a extirpar la dicha que me nació al arrullo de aquellos muslos lechosos y de piel sensible que la justicia no alcanza. Allí donde gateo fresco en tu lecho para mi amor, delirios nuevos que bajan desde la altura de tu boca que me habla de vida hasta los valles boscosos por donde mi espíritu argonauta busca la orilla secreta por donde mana el elixir húmedo de la felicidad.
Y me creo completo por romper el día en que he de partir de tu guarida eclipsada por las caricias leves de tus palmas enjugadas de llanto detrás de tu cuerpo feliz, desnudo y reluciente de ser.
Cuerpo de mujer, sediento de placer, quizá me comprendas mejor si te cuento mi travesía frecuente por los laberintos de tu piel.
Te conocí profunda en los ojos, en esa mirada de fiera materna que alberga el cuidado más fiel, esos océanos de campo febril con que cubriste mi rostro para aprenderme de memoria, hasta el más imposible de los secretos que oculté. Resguardados por tus pestañas rebeldes y los arcos perfectos de tus cejas que se fruncían al contacto del sol.
Te besé la frente desnuda. Y recorrí seguro los contornos de tu rostro hasta tus orejas pequeñas y te susurré en un beso de labios perversos que siempre serías mía, y fue tu tremor de ala que recorrió tu espalda y tu cuello quien me respondió: hasta que la muerte lo crea. Y evadí la certeza de que todo lo que empieza termina, para surcar el pabellón de tus quijada y llegar despacio, perversamente despacio, hasta la comisura de tus labios para besar la pequeña separación tímida que me dejó la cordura. Hasta que el gemido de la distancia me devolvió de lleno hasta tu boca, abierta del todo, ansiosa de la mía traviesa.
Y prefería mirarte a una distancia prudencial. Contemplar la tersura de tu cuello erizado como agua, y la distancia exacta de tus hombros siempre cubiertos. Y decidí que más bello es imaginarme descubriéndolos, despejándolos, desnudándolos con los dientes, con la lengua para que te conozca piel adentro. Pensé entonces en la perfecta anatomía de Dios sobre tu tacto. Asumía la inmensidad de tu pecho por la sombra de la luna por tu escote. Y se me hacía agua la boca por alguna extraña razón y encontré mis manos en los bolsillos calculando el área con que llenaría mi mano. También comprendí que en esto también el tamaño no importa sino la altivez con que te reten, y el estricto control que la guardia tenga de ellos. Te motiva más la idea que la vista. Pero en tu caso se complementaba.
Amo la música, amo la simetría exacta con que la guitarra se amolda a mi rodilla y acariciar su contorno suave. De allí que la guitarra sea una mujer a la que se debe amar para sacarle las notas más bellas. Tu cintura compone las canciones más hermosas al contacto ligero de mis dedos. Recuérdalo. Sólo espero la música que nace de tus besos al colocar mis yemas en los entrantes correctos. Y tú ¡ Sabes tocar? Y al seguir la playa y los golfos, adoro entrelazar mis dedos tras tu espalda, justo en el lugar en que se une tu columna y nace el satélite. Así como también sé de memoria que la planicie de tu vientre mide dos palmas y un beso.
Te sientas en el pasto y me anido en tus piernas. Dejo en libertad una serie confusa de tanteos, primero por el arco de tus pies pequeños, subo por los costados hasta aferrar los tobillos y el nacimiento de la pantorrilla fuerte; dejo que sea sólo un dedo el que recorra la parte posterior hasta la rodilla y le doy la vuelta y regreso por el frente. Tú sigues hablando. Yo me miro en tus labios que humedeces cada cuatro palabras con tu lengua traviesa. Y me atrevo a pasar de allí, dejo que mis manos suban por tus muslos. Es verdad, lo reconozco. Prefiero imaginarme lo que viene después. Pero en la cama, en nuestro reino, te recorro por dentro, por aquí por allá, por mañana, por hoy, no es sólo espacio, es todo el tiempo. Me hago el distraído y te abrazo por la espalda y me encuentro en plena posesión de todo lo bello, entonces formo una V con mis dedos y bajo desde tu ombligo hasta donde nace la cintura y luego expando el ángulo para flanquear tu pelvis y quedarme haciéndote cosquillas en el huesito que te causa risa y te hace estremecer.
Porque para amarte no necesito llegar, pero al llegar. Tu núcleo se expande y se contrae, se hace lava y se hace mar. Me encanta bucear mar adentro y surcarte por los labios con mis labios y cantarte poesía de contraltos y tenores, mis tonadas que te hacen saltar como ola, como espuma, como encabritado azabache en las colinas del olvido.
Y te enojas cuando me dedico a mirar la perfección de aquellas cuyo cuerpo se me hace diferente. Te digo que son bellos los recursos, los enigmas que guardan los cierres, los lazos, los pliegues. Te cuento que no pretendo viajar mi velero por su agua, que cada viaje que hago contigo busca una tierra virginal, para gritar como cosaco vencido, es tu vera, es tu arena, la que tan sólo quiero explorar.
Donan/09
http://www.youtube.com/watch?v=Gm9kQdIFObY
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